Despegue

Ella, en esa infinita sabiduría que sólo poseen los seres mitológicos, mostraba en contadas ocasiones su plumaje y jamás desplegaba sus alas, seguramente temerosa de que algún insensato se encaprichara y la encerrara en una jaula de oro. De oro o de acero, una jaula es una jaula.
Todo fue rápido, casi no la vi pasar entre mis brazos, que creyeron apresarla sin conseguir aferrar más que su estela azulada y una lágrima suya que se mezcló en el aire con una mía. ¡Todo fue tan rápido! Solo quedó sombra y silencio, agua salada.
Entonces alcé la vista y allí estaba haciendo acrobacias, jugando en las nubes, sonriéndome desde ellas con sus alas desplegadas engalanando la puesta de sol. Y pensé que jamás había visto algo tan hermoso. Mientras sujetaba el cristal de lágrimas en mis manos, supe que era una bendición que fueran tan lentas.
2 comentarios
bokuden -
Mientras que esa libertad sea deseada y no se mantenga por miedo del pasado, perfecto. Si no es así, unas alas y un corazón libre pueden convertirse en otra carcel dorada. Es solo una opinión.
Pero afortunadamente, los seres mitológicos saben -intuyen- donde aterrizar. Y si se "equivocan", siempre les queda impulso para seguir volando. Incluso sin alas. Un besote.
buit d'estels -