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Bokuden

No hay nada como salir de trabajar tras un largo fin de semana y en lugar de irse a casa hacer unos kilómetros extra para llegar a alguno de esos grandes parques que abundan en pequeñas ciudades como la mía, tan concurridos de día y tan serenamente silenciosos de noche, repletos de una soledad animada por el canto de los grillos y el dulce beso de buenas noches que la brisa da a las hojas. En ellos los árboles te recuerdan lo estúpido que eres por no haberte movido apenas del sitio a pesar de tener pies, por haberte quedado encerrado durante demasiadas horas al día prostituyendo tu tiempo, eclipsando la luz tras hormigón y cristales. Claro está, te lo recuerdan con el cariño de unos padres que sólo quieren tu bien y saben lo corto que es tu tiempo. Con la compasión de seres iluminados. En este parque, el aire parece más amable y las estrellas brillan con más fuerza.

Aquí, más allá de la cerca, ningún convenio podría poner precio a tu tiempo. A medida que el aire cargado de humedad y olor a tierra mojada penetra hacia tus alveolos todo lo demás cae como algo muy denso hacia tus pies, y al cabo de unos segundos notas que realmente ahora eres más liviano y casi, casi puedes volar. Y sin proponértelo ni pensarlo, te entran unas ganas locas de correr de verdad ¡nada de footing! Correr de verdad, con todas tus fuerzas, como cuando eras pequeño y nunca te cansabas; sentir primero la ligera brisa, luego el viento contra tu cara ofreciéndo más y más resistencia a medida que ganas velocidad, los obstáculos bajo tus pies que ya funcionan en piloto automático. Tropezar con vete a saber qué y rodar y rodar como dice la canción, lejos de la posible asistencia de nadie en caso de lesión, rodar por la hierba mojada mientras te partes el culo de risa con el poco aliento que te queda, consciente (al menos alguna ahora olvidada ahora parte de ti) de lo ridículo de la situación. Rodar sobre la hierba mojada con tus pantalones nuevos y parar casi con elegancia cuando se agota la inercia, aún convulsionando ya no sabes si de risa o a causa de una lesión interna, pero tampoco te importa. Y quedarte así respirando con el abdomen como de pequeño, tal como acabas, sobre la hierba mirando estrellas que tal vez ya ni siquiera existan ahora que por fin alcanzas a verlas, llorando de risa aunque algún observador externo podría pensar que lloras por lo que acabas de pensar de ellas mientras tu boca pronuncia casi involuntariamente algunas palabras

Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte

que crees recordar de un tal Da Vinci, y que no sabes del todo si vienen al caso pero eso da igual, porque la parte que las ha pronunciado sí lo sabe. Y por un segundo tienes la certeza de que si un momento como este puede compensar todo un día anodino, también puede hacerlo con una vida. Sólo es cuestión de atreverse. Silencio sonriente. Y tras unos segundos (¿o han sido minutos?) del Vacío más sublime, te levantas sacudiéndote y pensando de nuevo, pensando en qué dirá la abuela cuando le presente a mis pantalones.

-¿Te parecerá bonito, no?

Y casi puedes sentir el cachete en el culo mientras cierras los ojos y te muerdes la lengua, sonriendo.

6 comentarios

bokuden -

Amélie: Creo que tienes razón. Las explicaciones son lo de menos.

Buit d'Estels: Pero si corres no te pongas pantalones nuevos, eh? ;)

Lian: Bueno... nunca nunca... ejem. Se intenta :)

Lian -

Me encanta leer que nunca pierdes el humor.

Un besito

Buit d'Estels -

Insomne y con muchas cosas por hacer. Me encanta tu humor... En serio, se transmite y es muy positivo. Hoy me apetece correr sin parar ni pensar, quizá combata así el insomnio.

Amélie Poulain -

A veces son tan fuertes esas ganas de correr sin parar, que uno mira a los lados para comprobar que no hay nadie y se da la señal de salida con media sonrisa. Luego vienen las excusas de porque se corre y lo que le pasó a los pantalones, pero es lo de menos.

bokuden -

Nunca he dejado de estarlo :)

El papel... o el monitor o lo que sea da lugar a muchas interpretaciones, pero afortunadamente el humor nunca lo pierdo. Toco madera. :p

¿Insomne aún? ¿o con muchas cosas por hacer como yo? :)

Buit d'Estels -

Tienes razón, la vida se constituye de eso pequeños momentos en que uno se deja ir y actúa como cuando era un niño, sin importarle la opinión de los demás. Esos pequeños momentos son los que hacen soportable el atraco que el tiempo le hace a nuestras vidas. Me gusta intuirte de mejor humor. BSSS.