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Bokuden

Sinceridad ante todo

Un buen dia, el principe Juan, harto de su vida palaciega y de quitarse de encima modelos y presentadoras de telediarios ansiosas por cazarlo (como esposo, se entiende), decidio marchar de la corte y emprender la busqueda de algo que, segun el, realmente valia la pena. El señor principe queria encontrar la verdad, una verdad que, pensaba, le liberaria de su mundo opresivo y angustiante de vacio vital y visitas diplomaticas a paises de pacotilla cuyos dirigentes no le interesaban lo mas minimo. Una verdad que le haria volar de nuevo, como cuando era pequeño y aun no se daba cuenta de que todos lo trataban diferente solo por ser un principe. Si, a pesar de lo que pueda parecer, la vida de los principes es dura; los ricos tambien lloran. Y eso no lo arregla ni un palacete al lado del palacio de los padres para el solito pagado con el dinero de todos los contribuyentes. Que va.

Y partio, mas por mucho que por el mundo busco nada encontro. Lo recorrio una, dos, tres veces y a punto estuvo de desistir. Mas justo cuando iba a hacerlo, en un pueblecito le hablaron de una gruta donde, se decia, vivia la verdad. Sin pensarselo dos veces, nuestro admiradisimo principe (pq todo el mundo quiere a la familia real segun la tele, ¿no?) fue al galope (el de su caballo, no el suyo, claro) y encontro la cueva en la falda de una montaña proxima al pueblo. Sin demasiadas ceremonias pero con mucho miedo, su graciosa majestad penetro en sus profundidades. Y al fondo encontro a una mujer anciana desdentada, con mas verrugas que pelo, mas arrugas que verrugas y una presencia deplorable a los ojos del delicado heredero al trono. Tratando de simular la repugnancia que le producia su imagen y el hedor que desprendia la anciana, dijo:

-Hola, anciana. Me han dicho que en esta cueva habita la verdad.

-Estas delante de ella -contesto la anciana, mientras escupia a un lado.

-Esto... veras, no eres como imaginaba. ¿Como se que tu eres la verdad de verdad?

Acto seguido, la anciana paso a nombrar todo sobre el, incluso intimidades que no puedo mencionar aqui como comprendereis.

-Vaya... si, no hay duda de que eres la verdad. Pero te he buscado en todas partes y nadie sabia nada de ti ¿Como es que vives aqui, donde nadie puede saber de ti?

-Veras, no suelo gustar a la gente. Nadie me aprecia mucho tiempo seguido y me acaban olvidando o expulsando. Cuando me harte de la humanidad, me refugie en este lugar.

-Comprendo. Puedo estar satisfecho entonces de conocerte. Hablemos, tengo muchas cosas que consultarte.

Y asi hablaron laaaaargo y tendido. El principe expuso una tras otra todas sus dudas sobre todos los temas que le preocupaban y obtuvo respuestas que considero sinceras y verdaderas. Una vez el principe no tuvo mas preguntas, dijo a la señora verdad:

-¡Fascinante! todos deberian conocerte. Aun asi, entiendo que ya no quieras salir de este sitio... permiteme al menos que transmita algo de tu parte a todos los hombres. Todos deberian conocer tu existencia y buscarte. Dime, ¿que verdad quieres que diga a los hombres cuando cuente mi historia y me pregunten por ti?

-Diles... diles que soy joven y hermosa -contesto la verdad.

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